La Guía recoge buenas prácticas para proteger equipos individuales y para el acceso a servicios, como la limitación de los privilegios y servicios a los mínimos necesarios, implantación de políticas de actualización o creación de snapshots con las configuraciones de seguridad.
Pone atención a la vulnerabilidad de los sistemas industriales ante los cada vez más frecuentes ataques y recoge por otra parte la necesidad de incorporar medidas antimalware y procedimientos de backup robustos. Además, se hace énfasis en la especial atención que requieren los entornos legacy y en los equipos móviles e introduce la conveniencia de desplegar medidas de carácter más avanzado.
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